Agente Naranja

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Isabel Sobrino Vaz. Policía Nacional. Licenciada en Psicología clínica. Máster en Psicología General Sanitaria. Especialista en primeros auxilios psicológicos ante situaciones críticas.

Agente Naranja

Todos tenemos nuestro particular agente naranja. Se define porque nos deja el cuerpo exhausto y la mente estéril. Nos debilita. Vietnam, Camboya y Laos tuvieron el suyo propio en la guerra contra EE.UU. Contaminó su tierra, enfermó a su gente y a las generaciones sucesivas. ¿Puede haber algo más destructivo?

Para España su agente naranja tiene nombre propio y se llama Cataluña. Con sus peculiaridades. No todo es igual, ni todo es malo, como los tumores invasivos: hay una parte de tejido bueno que está invadido por tejido canceroso. Si el tumor estuviese encapsulado sería más fácil de extirpar, pero no es así, porque contamina la educación pública, moviliza conciencias colectivas hacia el pensamiento único, busca apoyo internacional sin importarle romper a un país y hasta tiene su punto histriónico en el sentido que están esperando que cualquier herramienta del estado yerre en su actuación (jueces, policías, fiscales) para filmar la película que mostrar a la ONU.

Este verano pasado, en una fiesta de pueblo como todo buen verano que se tercie, me reencontré con una amiga de la adolescencia, catalana de adopción, gallega de nación y para mi sorpresa, independentista declarada, vegana y anti-vacunas. Yo es que soy de mantener viejas amistades y después de preguntarle por cómo estaba “su país”, comentarle el riesgo de repunte de sarampión y viruela y pedirle una receta de cocina tradicional española, se nos terminó el tema de conversación y me puse a mirar a los niños, por eso de los silencios incómodos, y fue entonces cuando pude observar que su hijo y el mío, unos críos de dos añitos, jugaban juntos. El suyo vestía un polo blanco a rayas negras con un símbolo amarillo en la zona izquierda del pecho. No era un  lazo amarillo, pero aspiraba a serlo. Tuve que volver a mirar. Ni ella ni su marido lo llevaban, pero el niño sí. ¿Qué puede pasar por la cabeza de unos padres para utilizar a su hijo de dos años como estandarte político? ¿Cuál es la categoría de libertad que los independentistas reclaman cuando comprobamos que educan desde cero en el más acérrimo dogmatismo? Pero, sobre todo, ¿qué métodos ha empleado el aparato político catalán para actuar como una secta en lo que a captación de fieles se refiere?

Si analizamos el fenómeno desde la psicología social, lo que ha ocurrido en Cataluña no deja de sorprender en tanto en cuanto que no hace ni 10 años el independentismo era un apéndice no representativo de la política catalana y en la actualidad aproximadamente el 50% de la población se declara independentista. Saber que el poder político ostenta esa capacidad de cambio en la ideología de millones de personas y que esa transformación es tan rápida y radical, nos da pistas acerca del experimento social que ha ocurrido en Cataluña, en beneficio de una élite que ha sabido transformar y adaptar una corriente de pensamiento político, aprovechando el conocimiento de que el ser humano posee una condición social por naturaleza que conlleva una imperiosa necesidad de afiliación y de pertenencia grupal, ya que la asociación con otras personas nos proporciona beneficios psicológicos que otorgan integridad a la identidad social y personal y sentimientos de comprensión de la realidad, control y confianza. En la teoría del sociómetro (Leary, 1995) la autoestima tiene un papel fundamental, actuando como “sociómetro” que mantiene su nivel alto o bajo dependiendo de la pertenencia a grupos sociales y a ser aceptados en ellos. Y casualmente, en Cataluña, si abanderas determinada ideología política, tienes que sentir y actuar en consonancia con el independentismo, de lo contrario estás fuera del grupo.

El problema ha llegado a tal magnitud que se ha cronificado, y la diferencia entre lo agudo y lo crónico es que, aunque forman parte de una misma dimensión, lo agudo, como mucho, te mata y se acaba. Pero si te quedas en esa perpetua espera de muerte anunciada, en ese limbo del quizás, quizás, quizás… acabas pidiendo cita con Lucifer. Torra y pandilla lo saben y se aprovechan del desgaste de lo crónico, de la noticia que ya no lo es por pérdida de interés y mientras tanto, van sumando fieles a la causa, haciendo campaña en Europa y buscando aliados internacionales sin importarles en absoluto incentivar ataques cada vez más agresivos, véase los CDR con explosivos, para defender sus intereses egoístas. Nunca los he oído hablar de cómo será una Cataluña independiente, por mucho que se empeñen en hablar de independentismo.

Desde una policía para el siglo XXI creemos que la solución no pasa por enviar a las fuerzas y cuerpos de seguridad a poner una tirita en las trincheras cada vez que el conflicto se agudiza: hoy por la sentencia del procés, ayer por el referéndum y mañana porque la situación sea insostenible. Siempre ha primado el corto plazo, y esta vez la solución va para largo porque el problema viene de lejos y ha echado raíces.

 

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