Atentado en Logroño: Cuando ETA asesinó al Subcomisario de Policía Carlos Fernández Valcárcel

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ETA atentado
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El 2 de diciembre de 1980 fallecía en la Residencia Sanitaria de la Seguridad Social de Logroño el sub comisario de Policía Carlos Fernández Valcárcel, cinco días después de que los miembros de la banda terrorista ETA Isidro Echave Urrestrilla y Juan Manuel Soares Gamboa, hicieran estallar un potente coche-bomba en la calle Ollerías de Logroño cuando cuatro amigos salían de un bar cercano.
A las diez de la noche del jueves 27 de noviembre de 1980, una persona resultaba muerta y otras ocho heridas, dos de ellas de gravedad, como consecuencia de la explosión de un potente artefacto colocado bajo un coche en una céntrica calle de Logroño. El atentado, iba dirigido contra el miembro del Cuerpo Superior de Policía, Carlos Fernández Valcárcel que resultó herido de suma gravedad y falleció cinco días después.
Traslado de los restos mortales del Subcomisario Fernández Valcarcel
La explosión se produjo en la calle de Ollerías, y alcanzó de lleno a Miguel Ángel San Martín Fernández, un conocido comerciante textil, que resultó muerto en el acto. El subcomisario del Cuerpo Superior de Policía, Carlos Fernández Valcárcel, que habitualmente trabajaba como escolta del senador de UCD, Domingo Álvarez Ruiz de Viñaspre, resultó herido de extrema gravedad. Otro de los amigos que salían del bar, Joaquín, Martínez Simón, empresario textil, resultó también gravemente herido con fracturas en ambas piernas y quemaduras en todo el cuerpo. Resultó ileso el cuarto componente del grupo de amigos, José Luis Hernández Hurtado. Según pudo comprobarse posteriormente, el artefacto explosivo estaba situado bajo un automóvil Seat 127, matrícula de Madrid 9959-DC, que quedó, tras la explosión, prácticamente irreconocible. Se desconoció la forma en que fue activada la carga, pero su potencia fue tal que la explosión pudo escucharse prácticamente en toda la ciudad.
Los heridos, fueron trasladados a la residencia sanitaria de la Seguridad Social de Logroño, donde, los dos que presentaban mayor gravedad, el sub comisario de policía Carlos Fernández Valcárcel y el industrial Joaquín Martínez Simón, fueron intervenidos quirúrgicamente. Ambos morirían posteriormente. Carlos el 2 de diciembre y Joaquín el 3 de enero de 1981. Otros tres ingresados Florencio Martín Segovia; Dionisia Marta Burgos y Francisco Usechi, sufrieron heridas producidas fundamentalmente por los cristales rotos a causa de la explosión.
Subcomisario Carlos Fernández Valcarcel
Horas después del atentado hubo que desalojar un edificio, debido a una falsa llamada de colocación de bomba. Aparte de este incidente, que se sumó a la inquietud que reinaba en la ciudad, apareció un segundo coche, un Seat Ritmo, abandonado y con las luces encendidas, en cuyo interior fue encontrada una metralleta belga marca FN Herstal, con abundante munición, del calibre 9 milímetros parabellum. Tanto el coche que contenía el explosivo, como en el que se encontró la metralleta, fueron alquilados en Zaragoza.
Carlos Fernández Valcárcel sufrió heridas graves en todo el cuerpo, estallido pulmonar y abdominal, además de quemaduras. Tuvieron que extirparle el bazo y un riñón en una primera intervención quirúrgica que duró tres horas. Su estado empeoró radicalmente el 1 de diciembre, sufriendo un shock séptico que provocó su muerte al día siguiente, martes 2 de diciembre.
El día tres de diciembre se celebró el funeral por su alma. El féretro, cubierto con la Bandera Nacional y escoltado por miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, fue trasladado a hombros por familiares y compañeros de la víctima desde la capilla ardiente, instalada en el Gobierno Civil, hasta la catedral de La Redonda.
La viuda, familiares, amigos, dos centenares de miembros de las fuerzas de seguridad y más de mil logroñeses anónimos, se concentraron a la salida de la catedral, para despedir los restos mortales del agente asesinado. En ese momento, numerosas personas dieron gritos de “¡Viva España!”, “¡Viva la Policía!”, “¡Viva el Ejército!” y “ETA, asesina”.
A la noche de aquel mismo día los restos mortales del sub Comisario llegaban al aeropuerto coruñés de Alvedro, donde le esperaban las primeras autoridades y numerosos compañeros. El féretro fue traslado en un furgón fúnebre hasta la Jefatura Superior de Policía, donde quedaría instalada la capilla ardiente, que fue velada toda la noche por compañeros del Cuerpo Superior, Policía Nacional y Guardia Civil. La capilla quedó abierta al público y fueron centenares de coruñeses los que pasaron por ella para expresar su pesar y solidarizarse con el Cuerpo Superior de Policía ante tan execrable acto de violencia.
Entierro en La Coruña del Subcomisario Fernández Valcarcel
A la mañana del día siguiente, los restos mortales de Carlos Fernández Valcárcel fueron trasladados hasta la Iglesia de San Jorge, donde se oficiaría el funeral de corpore insepulto por el alma del servidor del orden asesinado. En los lugares destacados de la Iglesia, que se hallaba repleta de fieles, se situaron los familiares de la víctima, entre ellos mi buen amigo Ernesto, hermano de la víctima, así como los Gobernadores Civil y Militar de La Coruña, Pedro Gómez Aguerre y Luis Torres Rojas; Conselleiro de Educación; presidente de la Audiencia Territorial, De la Torre; Alcalde de La Coruña, Domingo Meri no; Presidente de la Diputación, Enrique Marfany; Comandante Militar de Marina, Capitán de Navío Marcial Fournier Palicio, Jefe Superior de Policía de Galicia Javier García Carpintero, así como representaciones del Ejercito, Cuerpo Superior de Policía, Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Municipal.
Ofició el funeral el Teniente Vicario Castrense que tuvo emocionadas palabras de recuerdo del fallecido, así como de consuelo para su viuda, familiares y compañeros.
Una vez finalizado el oficio religioso, el féretro de Carlos Fernández Valcárcel, envuelto en la Bandera Nacional, salió del templo a hombros de sus compañeros, siendo trasladado hasta el Cementerio de san Amaro, donde, en el nicho familiar, recibió cristiana sepultura en presencia de más de tres mil personas, entre las que se hallaban familiares, amigos, autoridades y compañeros, algunos llegados expresamente para el sepelio desde Logroño y Zaragoza. En el instante en que el féretro los restos de Carlos Fernández Valcárcel, era introducido en el nicho familiar, se dieron numerosos gritos de Viva a España, Viva la Policía y Eta asesina.
Finalizado el entierro la viuda del sub comisario, acompañada de familiares se dirigió al aeropuerto de Alvedro, desde donde en el Aviocar del Ejército del Aire que había trasladado los restos mortales de su esposo la noche anterior, emprendió regreso a la base aérea de Agoncillo en Logroño, en cuya capital residía.
Carlos Fernández Valcárcel tenía 40 años. Estaba casado, tenía dos hijos y era natural de La Coruña.
Por Real Decreto 308/2005, de 18 de marzo, Carlos Fernández Valcárcel fue ascendido, con carácter honorífico y a título póstumo, al puesto de comisario del Cuerpo Nacional de Policía y nombrado miembro de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo. Fue galardonado también con la Medalla de Oro al mérito policial.
Artículo de Carlos Fernández Barallobre

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