Cómo combatir a los CDR

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Parte del trabajo policial implica evaluar escenarios y actores a diferentes plazos con visión de proyecto, este trabajo lo hacen analistas y es más común en las fuerzas armadas que en las fuerzas de seguridad. En el modelo Villarejo, el modelo policial del siglo pasado que veinte años después sigue en vigor, todavía pesa más obedecer que tomar decisiones, una supuesta obediencia debida que ya no existe sobre el papel y que hace años fue sustituida por el principio de responsabilidad, producir ideas propias todavía no está del todo bien visto.

Cuando mencionamos a los CDR estamos hablando de algo innovador a lo que el modelo de seguridad no ha sabido adaptarse, para quienes nos gustan los estudios de seguridad y la cultura de inteligencia, los CDR son un desafío porque se trata de un híbrido entre movimiento social e insurgencia organizada, algo líquido y low-cost, un movimiento insurgente camuflado de democrático que usa conceptos ambiguos y dicotomías, como la libertad VS la opresión, la democracia VS la dictadura o las libertades propias frente a los derechos ajenos. La democracia todo lo soporta, tanto sirve para ir a un concierto como para montar un escrache, para tirar piedras a la Policía, asaltar un comercio, quemar contenedores o para hacer en grupo todo aquello que un “chico de las sonrisas” nunca haría en solitario.

Es un movimiento camaleónico y adaptativo, porque sus participantes por la mañana van a la universidad, otros trabajan o duermen, por la tarde son los “chicos de las sonrisas” y por la noche se transforman en los “chicos de las capuchas”.

Se trata de insurgencia low-cost, podrían englobarse dentro de un subtipo de “guerra asimétrica”. El termino low-cost o bajo coste, se puede considerar una proyección de la sociedad líquida de Zygmunt Bauman, algunas de sus características son:

La orientación a corto plazo (1), porque prima la motivación sobre la disciplina, la motivación es el inicio de todo, pero sin disciplina no hay proyectos. Los proyectos que antes se planificaban y ejecutaban, ahora son una sucesión continua de cortos plazos; Este rasgo también ha afectado a la política y a las instituciones, incluidas las fuerzas de seguridad.

La falta de arraigo (2), porque no hay un escenario fijo de actividad y se busca un alcance superior a través de la dispersión de los eventos. En finanzas lo llamarían, poner los huevos en diferentes cestas, la concentración de recursos aumenta el riesgo como en la guerra y no existe fijación a un territorio; surge un abanico de escenarios a los que uno se puede agregar, la insurgencia low-cost es a la carta.

La ruptura con las estructuras fijas (3), como la familia, las leyes o las instituciones. Éstas se consideran un elemento opresor que hay que descomponer en el mayor número de variables posibles, para hacer nuevas combinaciones y dar lugar a nuevos modelos, tal como como los géneros múltiples, los diferentes tipos de familia o el multiculturalismo que pone dentro de una misma categoría al criminal y a su víctima y los compara. El relativismo se defiende de manera categórica como si fuera una religión, lo absoluto es atacado porque no permite asociar cosas diferentes dentro de una misma categoría. Todo se disocia y todo es comparable.

La búsqueda de nuevas experiencias (4), sin ir más lejos cuando compras un teléfono móvil no te venden el producto, te venden la experiencia, un valor intangible basado en la expectativa más que en el incentivo. La recompensa es cortoplacista y solo pretende confirmar la expectativa que han construido antes en tu mente, pero cuando la recompensa se puede cuantificar, deja de ser atractiva. El coste (y el castigo) pierde visibilidad frente a la experiencia.

Hay más ideas, como la volatilidad y la transformación permanente, que traen un estado continuo de crisis y ansiedad. De hecho, los antidepresivos y los ansiolíticos suponen una elevada cuota del mercado farmacéutico. Cuando no hay renovación también se considera crisis, que produce sensación de opresión y necesidad de renovarse o morir.

¿Y qué tiene esto que ver con los CDR? Mucho. Porque en parte explica su organización y funcionamiento. Los CDR son una amenaza contra la seguridad que varía de la insurgencia clásica (de ETA o el GRAPO) en que éstos grupos, buscaban maximizar el impacto y reducir los costes, no buscaban el desgaste. Sus acciones eran de alta intensidad y no de alta frecuencia: el tiro en la nuca, el atraco, quemar un autobús tras expulsar a los viajeros en el centro del casco urbano, el secuestro o el coche bomba, eran ataques que seguían una lógica de HIT&RUN y no el esquema de un ciberataque por desbordamiento de buffer. Cada acción buscaba destruir para producir el terror y se combinaba con una estrategia continua de señalamiento, que pretendía la muerte civil de los señalados y los marcaba como objetivo terrorista. El desgaste estaba destinado a la sociedad civil y la destrucción a las instituciones. El desgaste pretende provocar la retirada, mientras que la destrucción pretende forzar las negociaciones vía social y vía política.

La insurgencia low-cost es de baja intensidad. No pretende la destrucción porque necesita un rival, al enemigo se lo destruye mientras que al rival se lo derrota. Busca derrotar a las instituciones a nivel humano, económico, material y logístico a través de su desgaste. Provocar una hiperactivación sostenida durante el máximo tiempo posible, que aumente el nivel de estrés e induzca a cometer errores, que serán documentados porque ahora todo se graba, la prueba de la alta frecuencia es que si al principio se iban a dormir a casa, luego decidieron montar una “acampada” en el centro de la ciudad. O más bien un campamento lleno de tiendas de campaña vacías con unos pocos puestos de vigilancia fijos, que les sirve como CECOR para concentrar la coordinación de sus operaciones y reducir sus comunicaciones por teléfono.

Al contrario que la insurgencia clásica, los CDR no buscan reducir su exposición sino aumentar su visibilidad. No concentran sus operaciones en unos pocos miembros elegidos que forman parte de un comando aislado frente a otros, como hacía ETA con su estructura política centralizada y sus comandos descentralizados. Si ETA era como España y sus comunidades autónomas, los CDR serían como Suiza y sus cantones: la estructura CDR es distribuida como el estado federal y se forma por entidades vinculadas e independientes. No olvidemos que uno de los rasgos de la sociedad líquida es el individualismo.

La insurgencia low-cost es democrática. Cualquiera puede participar y salir cuando quiera. Su recompensa es la experiencia revolucionaria. Rondando los trescientos detenidos tras cientos de acciones, las expectativas de castigo son escasas. Hay un abanico de iniciativas entre las que elegir: unas más ruidosas y otras menos; unas más violentas para los chicos de las capuchas y otras más democráticas para los chicos de las sonrisas, quienes prefieren la pasividad. Siempre tienen un campamento al que pueden acudir sin quemarse. Tal vez sea insurgencia para ni-nis o insurgencia a la carta, pero se adapta al factor humano y funciona, es como montarse en un vuelo de Ryanair por 30 euros e irse a pasar el fin de semana en Europa, que sale más barato que quedarse en casa. Esta fórmula consigue captar independentistas en busca de su experiencia revolucionaria de bajo coste.

Las tácticas y las operaciones las dejamos para los responsables. Pero, entre las claves estratégicas contra los CDR sobre el terreno, están las siguientes:

  • Abordar las operaciones CDR en su frecuencia para que sean aisladas en el tiempo y minimizar su continuidad. Retirar el campamento reduciría su coordinación.
  • Individualizar y señalar al individuo para extraerlo del colectivo y darle exposición pública. A los colectivistas les aterra tener visibilidad individual.
  • Las consecuencias han de ser inmediatas. Si un borracho se pone a torear coches en medio de una avenida, esa noche duerme en un calabozo. Si son veinte CDR los que cortan una autopista, no se puede aplicar una lógica diferente.
  • Menos operaciones policiales más planificadas, con mayor impacto y policías descansados, dentro de un proyecto de mayor alcance.
  • El coste de la insurgencia low-cost ha de seguir la misma lógica que la insurgencia clásica porque no deja de ser insurgencia. Si estos actos fueran efectuados por abertzales o por islamistas radicales, los detenidos irían a la Audiencia Nacional y serían procesados por actos de terrorismo. El coste de la experiencia ha de ser superior al beneficio.

Un fundamento a tener en cuenta en todo enfrentamiento es la lógica de la concentración frente a la dispersión, lo que está concentrado hay que dispersarlo, lo que está disperso hay que concentrarlo. Se concentran y se dispersan personas, operaciones, continuidad temporal, instalaciones, medios, motivaciones, etc. Vamos a lo concreto, en la lucha contra ETA nunca se detenía a etarras, siempre se detenía al jefe de ETA y además se lo exponía públicamente como si fuera el Chapo Guzmán, eso hacía mella en su entorno; en el fenómeno yihadista no hay lobos solitarios, hay individuos trastornados que actúan por libre y tienen perfil criminal, consumen alcohol y llevan una vida contraria al Islam. En el primer caso se rompe el anonimato del grupo y se crea un liderazgo, en el segundo caso también, pero además se usa el sentido de ridículo y se desvirtúa cualquier clase de liderazgo que pueda ejercer sobre otros imitadores.

La lógica de la concentración VS dispersión ya la conocen los CDR, también la UIP, la Brigada Móvil o los GRS. Se han dado cuenta que no se puede permitir que los CDR se concentren en la Plaza de Urquinaona para que no puedan lanzar sus ataques sobre la Vía Laietana y volvamos a vivir situaciones dramáticas. Los CDR dispersos en las calles adyacentes a Vía Laietana, ven reducida su capacidad de ataque y la respuesta policial es mucho más eficaz.

En Una Policía para el Siglo XXI insistimos en la necesidad de desarrollar las capacidades de inteligencia a gran escala en el nivel más bajo de la cadena de servicio, con orientación al personal operativo. Quizás la figura de un jefe de Policía ha de parecerse más a la de un Community Manager, pero así son las cosas. Los CDR son la muestra de que una estructura de inteligencia horizontal es eficaz y el modelo policial ha de adaptarse al crimen democrático. Esta nueva realidad se corresponde con la sociedad líquida de Zygmunt Bauman.

1 Comentario

  1. Muy buen articulo..siempre hay que ir por delante. Y no caer en lo que esta gente pretende.

    Alguien dijo Usaremos vuestra democracia, para acabar con vuestra democracia.

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