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Ambar IL es el seudónimo de una mujer muy valiente a quien la vida no ha tratado demasiado bien. Bulling, abusos sexuales, maltrato, prostitución son algunos de los episodios a los que ha tenido que enfrentarse y luego  sobreponerse, haciendo gala de una entereza sin límites.
Su camino no ha sido fácil. Nadie se merece pasar por tal sufrimiento, y con ese propósito se ha propuesto ayudar a otras víctimas a través de su experiencia.
Les dejamos con su desgarrador testimonio, narrado en primera persona que no te dejará indiferente. 
“Fui víctima de abusos sexuales en mi infancia, incesto, maltrato psicológico e institucional.

Sufrí abusos sexuales que marcaron mi vida con secuelas y consecuencias de las que el Estado, como niña tutelada que fui, que me arrebató a mis padres dejándome en casa de mis abuelos, no quiso evitar. Abusos sexuales que sucedían en mi propia familia, donde, por cierto, se viven el 80% de los casos,  y de los que nadie me protegió.

Abusos silenciados, invisibilizados, donde ni la PREVENCIÓN, ni la VISIBILIZACIÓN, ni la CONCIENCIACIÓN de los mismos están en ninguna agenda política. Mientras, un 20% de las infancias son abusadas sexualmente con la indiferencia de un mundo hipócrita, que se jacta de ser solidario, pero solidario de postureo. Cuando hay que dar verdaderamente la cara y proteger, mejor mirar a otro lado.
“Un 20% de las infancias son abusadas sexualmente ante la indiferencia de un mundo hipócrita, solo solidario de postureo”
Sufrí tres años bullying en el colegio donde tampoco vieron ni supieron ver estos indicadores, estos gritos silenciosos que prodigué durante tantos años pero que nadie escuchó. Anorexia, bulimia, estrés postraumático, intentos de suicidio, violencia de género. Nadie vio nunca nada.
Escapé de casa tres meses después de cumplir los 18 años. Escapé muy lejos. Busqué trabajo y no encontré nada. Acabé en un piso con proxenetas prostituyéndome, sobreviviendo con la única opción que en ese momento me permitió subsistir.
Me considero abolicionista de los condicionantes previos que llevan a las mujeres a la prostitución. Yo estoy prácticamente segura que sin estos abusos sexuales en mi historia mi camino hubiera sido otro. Casualmente, es también la historia que revelan bastantes mujeres en la prostitución.
Obviamente, ni todas las víctimas de abusos sexuales en la infancia entran en la prostitución ni todas las mujeres que se prostituyen han sufrido abusos en sus infancias, aunque sí un numero considerable de ellas los relatan en sus historias.
Abogo por la abolición, también, de las situaciones de precariedad y vulnerabilidad que nos afectan a muchas mujeres y que junto con otros factores determinantes e igual de importantes, son el caldo de cultivo ideal para acabar en ella.
“Abogo por la abolición de la precariedad y vulnerabilidad de muchas mujeres”
La prostitución no es ninguna panacea, pero sí es una opción, elección, supervivencia para muchas mujeres como lo fue para mí. No estoy de acuerdo en criminalizarlas por ello, estigmatizarlas y recriminarles esta decisión, condicionarlas al abandono de la misma si ellas no quieren. Fui quince años de mi vida prostituta y sé que esto no ayuda, al contrario, precariza.
Si no se las escucha, es imposible saber qué necesidades demandan y, por ende, cómo se las puede ayudar. Yo no recibí ayuda por parte de nadie y sé que soy muy crítica con ello, pero soy crítica porque he comprobado que mi destino fue,  y sigue siendo, condicionado desde mi infancia por esa falta brutal de ayuda.
Abandonada social y jurídicamente por un estado que no veló por mí pero que paradójicamente me repudió después, cuando me prostituía. Yo no veía más opciones y cargué con el peso del estigma, que caía como una losa sobre mí simplemente por ser puta. El mismo estigma que sigo cargando ahora, aunque ya esté fuera de la prostitución.
¿Acaso no era una mujer como las demás? Merecía ser tratada como una ciudadana más, no como una de segunda o tercera clase sin derechos ni asistencia. Una división que este sistema clasista aplica muy bien a diversos colectivos socialmente «molestos».
Ser puta te relega al último eslabón de la cadena social y por si la vida no ha sido bastante difícil para muchas de nosotras desde niñas, nos pisotean aún más después.
Así mismo, el Estado debe luchar de manera firme contra la trata, contra la explotación sexual, el tráfico de personas y modificar la ley de extranjería, que en muchos casos, perjudica y precariza más a las víctimas. Otorgar ayudas reales, asequibles para todas estas mujeres víctimas de redes de explotación sexual para que puedan rehacer su vida, no dejarlas a su suerte. En la mayoría de casos, al final, como me ocurrió a mí misma en muchas ocasiones, acaban volviendo a la prostitución como única opción viable de supervivencia.
Tengo claro que la prostitución no va a desaparecer con prohibicionismos ni multando a los puteros, algo con lo que yo personalmente no estoy de acuerdo. Creo que precariza a la prostituta y lo digo precisamente por haberlo sido quince años y poniéndome en la situación de persecución de los que eran mis clientes ¿Cómo hubiera podido sobrevivir con mis circunstancias personales, si lo único que sabía o quería hacer era perseguido y nadie me daba ni opciones ni reparación de mi vida de ningún tipo?
La prostitución, al margen de la trata y explotación sexual es muy compleja en sí misma y no puedes basarla en conceptos estadísticos e ideológicos para unificar una postura. Se compone de mujeres con historias y circunstancias personales muy diversas, únicas, diferentes y complicadas que deben ser atendidas y tenidas en cuenta.
No puede abordarse el tema de la prostitución sin pensar en todas ellas y en todas estas circunstancias que las rodean”.
Ambar IL

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