El servicio de calabozos: Malos olores y gritos

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El servicio de calabozos de una comisaría, es uno de los servicios más desagradecidos, menos valorados y un castigo en muchos casos para los policías.

En algunas comisarías, el lugar donde se presta el servicio de calabozos los policías se encuentra a escasos metros de los propios calabozos. En otras sin embargo, el servicio se realiza en una sala separada, la cual cuenta cámaras y un altavoz, para ver y escuchar lo que ocurre dentro.

En el primer caso los agentes conviven directamente con los gritos y los malos olores propios de unos calabozos. En los calabozos se puede encontrar todo tipo de personas y de estatus social. Desde personas sin techo con una falta de higiene manifiesta, hasta personas de alto nivel.

El tiempo de la estancia en los calabozos, llamado frecuentemente “hotel 5 rejas” puede variar, desde unas pocas horas, hasta las 72 horas como máximo que puede estar detenida una persona. A esto sumado la falta de higiene de muchos de los “inquilinos” hace que se concentre un olor bastante desagradable.

Durante ese tiempo el personal destinado en calabozos se encarga de la vigilancia y custodia de los detenidos. De darles de comer tres veces al día, de entregarles y retirarles la manta y colchoneta, de sacarles al baño regularmente y de realizar el cacheo de seguridad previo a la entrada para comprobar que no introducen dentro de la celda ningún objeto con el que puedan dañarse o dañar a otro detenido.

Gritos y silencio.

Dependiendo del detenido, a unos les da por llorar, otros por callar y otros por gritar.

El tiempo dentro de una celda parece no correr, por lo que muchos pierden la noción del tiempo y es entonces cuando comienzan los gritos. Gritos de desesperación, de rabia, de ansiedad o de síndrome de abstinencia de tabaco o drogas.

“Jefe” o “agente” suelen ser las palabras más escuchadas por los policías de calabozos.

Preguntas como cuando viene mi abogado, o cuando voy a salir, o qué hora es, son las más repetidas.

El servicio de calabozos es un servicio poco valorado y reconocido por la superioridad, pero imprescindible en una comisaría. Un lugar de paso y de castigo, donde el tiempo no sólo se para para los detenidos, sino también para los policías.

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