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Aunque hay varias versiones que vinculan la celebración del Día Internacional de la Mujer con el 8 de marzo, lo cierto es que se trata de supuestos en los que las protestas de las mujeres en busca de mejores condiciones salariales y laborales acabaron de forma trágica, tanto en Estados Unidos en 1908, como en Rusia en 1913. No fue hasta 1977 que la ONU reconoció tal fecha como “Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional”. Más de medio siglo para que la sociedad mundial reconociera que era necesario pelear por la igualdad entre hombres y mujeres.

La igualdad entre hombres y mujeres, como tantas otras cosas, es cuestión de educación, tanto en el seno de las familias, como en los centros educativos. La generación que hoy por hoy tiene hijos a los que educar fueron ya educados en ideas de igualdad, sin embargo seguimos aun estando muy lejos de ella.

El feminismo es una idea  transversal a los géneros y a las ideologías; yo no estoy dispuesta a aceptar que nadie pueda repartir carnets de feminista, ni patrimonializar la lucha por la igualdad,  porque a todos nos compete velar por esa idea, y porque todo tipo de gobiernos y autoridades tienen obligación de promover políticas en ese sentido.

Es profundamente falsa la apropiación que hacen los partidos de izquierda de esta lucha y esta idea de igualdad,  y a menudo no parece mas que una teatralización de algo tan serio, incidiendo además en sesgar las ideas feministas y en excluir a quien no coincide ciento por ciento con sus planteamientos ideológicos, olvidando que lo que hace la fuerza es la unión, y no la exclusión.

A poco que echamos un vistazo a la historia de nuestro país vemos un sangrante ejemplo de esta demagogia: los partidos de izquierda de la época de la I República, con la histórica Victoria Kent al frente, se opusieron férreamente a que se concediera el derecho al voto a las mujeres por un puro argumento electoralistas: pensaban que iba a ser un voto totalmente influenciado por la iglesia y por tanto para la derecha. La encargada de hacer frente a esos argumentos interesados fue la liberal Clara Campoamor, que hizo suya la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos, es caminar dentro de ella.

Finalmente se aprobó el art. 36 de la Constitución Española del 31 y se reconoció el sufragio universal, de ambos sexos, a partir de los 23 años de edad Como escribió entonces el periodista Wenceslao Fernández Flores “para orgullo de la superioridad masculina, estamos seguro de que ellas nunca podrán superar nuestros absurdos”. Durante el franquismo las denuncias de la jurista y ensayista Mercedes Formica consiguieron la primera reforma de nuestro Código Civil en orden a hacer valer los derechos de la mujer; en esa reforma por ejemplo se reconoció el adulterio masculino, hasta  la fecha solo existía el femenino… Hasta el año 75 no desaparece legalmente la dependencia de la capacidad de obra de la mujer al hombre, al suprimirse el “permiso marital”, persistiendo aún normas que limitaban su actuación, incluso después de la constitución del 78.   A partir de ella, poco a poco, se han ido limando las diferencias legales. Revolucionarias y valientes fueron leyes como la del divorcio de 1981, o la del aborto en determinados supuestos en 1985, que trajeron, sin duda, aires de libertad e igualdad para las mujeres españolas.

Superados los límites legales para la igualdad, derribar los “techos de cristal” está resultando aún mas complicado: la enorme brecha salarial, las discriminaciones a la hora de acceder a un puesto de trabajo, la dificultad para conciliar  la maternidad y el trabajo… La lucha por la igualdad de las mujeres sigue teniendo demasiados campos de batalla y violentar el lenguaje, enfrentarse a otras mujeres, o dejarse pastorear por determinados partidos políticos a los que solo les mueve el interés electoral, no parecen armas muy eficaces para pulverizar esos techos.

Párense a hacer esta reflexión: ¿si el partido que gobierna en España y “sus confluencias” te invitan a ir a la huelga el 8 de marzo, contra quién es esa huelga?… ¿Si lo que se pretende es conmemorar el día y hacerlo visible no será mas eficaz una gran manifestación, sin necesidad de comprometer económicamente al país?. .

Las mujeres no nos  hemos quitado la tutela del hombre para pasar ahora a ser tuteladas por otras mujeres; el feminismo no es decir “portavozas”, o decir, como hace la socialista Adriana Lastra en un tuit, que su salario del día de la huelga lo dedicará a asociaciones benéficas, descubriendo a todos que no tiene ni idea de lo que es el derecho a la huelga, pues los días que haces huelga no tienes salario, no cobras porque no trabajas…

Feminismo es colocar la educación en su centro y cambiar políticas que derriben barreras y promuevan una igualdad real entre hombres y mujeres para que, como decía el filósofo y economista liberal John Stuart Mill, no condicione nacer mujer de la mismo forma que lo hizo en su momento nacer plebeyo o noble, blanco o negro. Todo lo demás no es mas que farfolla.

Inmaculada Pilar Gracias / Miembro de la Junta Directiva de Ciudadanos Ceuta.

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