Policías escritores y literatura criminal

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POLICÍAS ESCRITORES Y LITERATURA CRIMINAL
Éxito del género negro escrito por agentes de todos los cuerpos que han recibido premios como el Planeta, el Nadal, el Nacional de Literatura, el de la Crítica o el de Libro del Año, entre otros galardones de prestigio.
Hace un cuarto de siglo, cuando algunos pergeñábamos folios con historias policíacas, el género negro se encontraba tan devaluado como la novela rosa y el western en papel de la época. Todo el paquete pasaba por una suerte de lectura de descanso intelectual sin mayor interés que aprovechar un rato de asueto.
Este tipo de narraciones comenzaron siendo una especie de enigma que proponía al lector un desafío a su capacidad deductiva. Con el paso de los años evolucionó hacia formas más complejas que atañen a la descripción de una sociedad desangelada, en crisis y a menudo corrupta, incluidos sus vericuetos menos confesables y las personas que se reproducen en esas esferas degradadas, violentas o al margen de la ley. Aquel estilo clásico de primera mitad del siglo pasado era deudor del costumbrismo detectivesco-caballeresco, tipo Sherlock Holmes, del maestro Arthur Conan Doyle, o de Hércules Poirot y del mayordomo sospechoso a perpetuidad de la inigualable Agatha Christie. Evidentemente, nada que ver con el escenario que nos azota hoy.
Bastantes años después, todo tipo de escritores quieren situar en los estantes de las librerías alguna novela de ficción criminal en cualquiera de sus vertientes: policíaca, thriller, detectivesca, suspense… ¿Qué ha sucedido? ¿Acaso la literatura del modo negro que se producía antaño era en verdad de tregua intelectual? Habría de todo, como es natural y ocurre ahora, pero los tiros, y nunca mejor dicho, van por otros derroteros.

Izquierda, Esteban Navarro finalista del premio Nadal 2013. Derecha, Antonio Gómez Montejano, premio Internacional de novela siglo XXI

Ricardo Magaz, del CNP, junto a Juan Pedro Aparicio (iz) y Lorenzo Silva (d). Magaz, fue finalista del Premio Nacional de la Crítica y Premio Libro del Año 2005 de la Asociación de la Prensa.

Pere Cervantes, Sebastián Roa, Rafael Jiménez y Ramón Sánchez, del CNP

DENUNCIA SOCIAL
El género negro entronca directamente con la denuncia social. Como tal le toma el pulso a cara de perro y ofrece al lector una crónica generalmente descarnada del patio trasero de la vida; de esa zona donde se esconden las miserias a las visitas dominicales. Por otro lado, brinda un universo de posibilidades que quizás en distintos contextos retóricos resulte más resbaladizo acometer. La tensión que se logra en una creación negra es difícilmente alcanzable en otras materias.
Ahora bien, y aquí está la piedra angular del debate, el cauce imaginario criminal español ha marcado distancia con las obras estereotipadas norteamericanas, y aún con los voluminosos tomos nórdicos venidos del frío. Por estos lares huimos del sabueso triunfador a ultranza. Preferimos al poli o investigador áspero y antihéroe que al infalible detective yanqui, ya sea éste el protagonista, ya se plantee la trama desde el punto de vista del malhechor o desde la óptica de la víctima, de acuerdo a los tres patrones estructurales más comunes del método.
Pero, ¿es verosímil la literatura criminal si la confrontamos con el entorno policial y la delincuencia cotidiana? Tanto si analizamos la incertidumbre desde una perspectiva de la verosimilitud en cuanto a credibilidad, o partiendo de la premisa de una coherencia únicamente interna del relato ideado, los que tenemos obras negras publicadas y procedemos del mundo policial sabemos al menos un par de cosas al respecto. Una, evitar topicazos. Y otra, que pese a todo hay ocasiones en las que atajas ventajosamente recurriendo a alguno sin complejos. En suma, que aquello de que la realidad supera con frecuencia la ficción es, aparte de un latiguillo simplista, gran verdad que hemos observado en numerosas oportunidades. A menudo la vida es novela negra.
Alguien dijo refiriéndose al indudable aderezo en la literatura negra, que pretender redactar género policíaco atendiendo a un mal asimilado realismo es como escribir narraciones de amor contando la rutina del matrimonio.

Cartel de la película “Cuerda de presos”, llevada al cine desde la novela homónima del inspector Tomás Salvador, Premio Planeta.

Serafín Giraldo es autor de una larga lista de obras ensayísticas y manuales policiales


El Premio Internacional de Relatos Demetrio Cañizares lo ganó en 1997 el antiguo inspector del CSP Domingo Manfredi, de 90 años. En la imagen, el rostro del policía histórico Demetrio Cañizares, que da nombre al galardón.

ARMAS Y LETRAS
La relación de las armas y las letras viene del Renacimiento. Garcilaso, Lope de Vega, Calderón, Góngora y por supuesto Cervantes fueron hombres de espada y pluma. Con el paso del tiempo, y salvando las distancias, esa tradición ha soportado altibajos. Así, el primer policía escritor español contemporáneo de serie negra del que se tiene constancia es Luis Fernández-Vior, que firmó en 1931 la novela “Crimen en barrios bajos”. Le siguieron después de la Guerra Civil Juan Antonio Bustamante, Manuel Cunha, Pedro y Carlos Caba, Conrado Ordóñez, Juan Escobar Raggio, Félix Martínez Orejón o Cargel Blastón, pseudónimo de Carlos Lestón
Si nos fijamos ya en las últimas décadas, aparecen nombres de policías de todos los cuerpos que han dado a luz obras negras notabilísimas. Por señalar sobre la marcha algunos, Tomás Salvador (antiguo CSP) se alzó con el Planeta por su novela “El atentado” y con el Premio Nacional de Literatura con “Cuerda de presos”, llevada con éxito a la pantalla cinematográfica; Domingo Manfredi (antiguo CSP) fue asimismo Premio Nacional de Literatura con “La rastra” y al que frisando los 90 años se le concedió el Premio Internacional de Relatos “Demetrio Cañizares 1997”; José Luis de Tomás (CNP) logró el premio Nadal con “El otro lado de la droga”; Ricardo Magaz (CNP) quedó finalista del Premio Nacional de la Crítica 1997 con su novela “La embajada” y consiguió el Premio Libro del Año 2005 de la Asociación de la Prensa con su volumen “Ora la espada, ora la pluma”; Esteban Navarro (CNP, actualmente jubilado), ha sido finalista de la edición del Nadal 2013 con “La noche de los peones”; y, por citar a otros destacado colegas, Alejandro G. Gallo (PL), se hizo en 2011 con el XIV Premio García Pavón de Narrativa con su novela “Asesinato en el Kremlin”, además de ser uno de los impulsores de la Semana Negra de Gijón y padre de un largo repertorio de obras; Pere Cervantes (CNP) Premio “Letras del Mediterráneo” de la Diputación de Castellón por su novela “Golpes”; Antonio Gómez Montejano (PL), Premio Internacional de novela siglo XXI con “Adalides del progreso”; o Manuel Reinaldo Méndez (GC), laureado con el Premio Internacional de Literatura de Viajes Ciudad de Benicasim con su obra “La sonrisa del tucán”.
Todos ellos, como Eduardo Pascual, Víctor del Árbol, Marc Pastor, Rafael Melero (Mossos d‘Escuadra), Ramón Sánchez, Rafael Jiménez, Sebastián Roa, Santiago M. Sánchez o el televisivo Manuel Giménez (del CNP), tienen un rasgo común: son policías que, además de serlo, crean sus propios agentes de ficción para vivir la profesión sin límites frente al teclado del ordenador.
Anotar en el campo del ensayo y el manual policial al mediático Serafín Giraldo cuyo octavo volumen, “Protocolos policiales”, se ha editado recientemente, o al jurista del CNP Manuel Fuentes, autor de “Testigos de cargo” y otras obras de literatura de viajes.

Alejandro G. Gallo, premio García Pavón de Narrativa, es uno de los impulsores de la Semana Negra de Gijón.


Izquierda, el televisivo Manuel Giménez, autor de una larga lista de obras. Derecha, José Luis de Tomás, premio Nadal con “El otro lado de la droga”

Manuel Fuentes, jurista de la Policía Nacional, es autor de tratados, manuales y literatura de viajes


VISIÓN POLICIAL

Con todo, ¿de qué manera ven los funcionarios policiales la literatura criminal?
Habría que diferenciar a priori los planteamientos técnico-corporativos, sin apenas valor en la historia, del devenir argumental y mérito retórico verdaderamente importantes para el proyecto. Dentro de este plano, la verosimilitud de lo narrado, al margen de florituras de autor, sería la definitiva prueba del algodón. En general, se aprecia que los prosistas más especializados en la disciplina conocen bien los modus operandi policiales e investigadores, tanto de naturaleza orgánica como metodológicos. Recuerdo que el Nadal Juan Pedro Aparicio quiso que lo encerraran motu proprio en un calabozo de la comisaría de Leganitos para ponerse en situación y, de paso, que el inspector Gonzalo Malo Malvido, protagonista de “Malo en Madrid o el caso de la viuda polaca”, se manejara con pericia por los renglones novelados.
En cuanto a los personajes, tipologías delictivas y transgresiones desarrolladas en las fabulaciones, particularmente no he leído nada hasta ahora que no tenga visto o escuchado en 40 años de oficio. Aún más, quizá haya cosas y casos, lo doy por seguro, que todavía no se han publicado. Se comprenderá, al cabo, por qué apelo sin reparos al tópico añejo de la realidad y la ficción.
Y como los trienios suelen tirar, aprovecho para dejar escrito que el mejor arma del policía no es la pistola sino la pluma, ya sea para crear una pieza literaria o para redactar un informe riguroso con el que el juez tenga elementos de juicio para tomar una decisión neutral y ajustada a derecho. Lo contrario sería volver a los tiempos de la vieja y turbadora “secreta”, afortunadamente extinguida, aunque siempre queda algún trasnochado de barra de bar y clases pasivas con la efímera pretensión de dejarse invitar a cambio de una batallita niquelada en primera persona. La vida imitando a la literatura.
Lo dicho, la realidad es novela negra. ¿O acaso los telediarios son fantasía? Como sentenciaba el capitán Furilo y su sargento Esterhaus tras la rutinaria charla matinal en la legendaria Canción triste de Hill Street: tengan cuidado ahí afuera.

Artículo de Odracir Zagam para h50 Digital Policial

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