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Si tienes cinco minutos para hablar. Cinco minutos para hacer algo. Cinco minutos para cambiar el destino de una persona.

¿Qué harías?

¡Piénsalo!

Piénsalo rápido y actúa.

No importan los motivos por los que haya decidido hacerlo; a esa persona siempre le parecerán los más importantes. No importa quién sea, ni cómo haya decidido que sea; las formas y los motivos siempre son variados. Solamente importa que esa persona en cinco minutos, si no haces algo, dejará de existir. Ya no habrá marcha atrás. No es una prueba o un ensayo que pueda revertirse. Es algo implacable y definitivo.

Ah, solo decirte algo; algo que puede ser importante: ESA PERSONA QUE VA A DEJAR DE EXISTIR, LA PERSONA QUE VA A QUITARSE LA VIDA… ERES TÚ.

Mientras lo piensas te diré algo.

Soy hija de Guardia Civil. Madre de una Policía Nacional licenciada en psicología y de un Brigada del Ejército de Tierra.

Con este historial familiar ya puedes ver que las armas son algo que no me es ajeno. Estoy rodeada de ellas y lo he estado desde que nací. Aprendí desde muy pequeña, que si bien son necesarias en el ámbito policial, no son juguetes. Son peligrosas, protegen y salvan vidas, pero también la quitan. Nunca deben ser un recurso para acabar con la tristeza, la confusión o la angustia que puedan embargarnos. Sé que a veces las personas que vestís un uniforme os sentís obligadas a demostrar una fortaleza que raya con lo sobrenatural. Que nunca parece que se os esté permitido flaquear y mucho menos ser vulnerable a sentimientos de debilidad. Pero eso no es real. Las personas que vestís uniformes, ante todo, sois eso: personas.

Personas con sus problemas, sus angustias, sus rupturas y sus ilusiones. Y hasta que eso no seamos capaces de asimilarlo, alguien cada día se equivocará. Pensará: “he fallado” “ no doy la talla” “mi compañero es más fuerte que yo”.

Pero seguramente nada de eso será verdad. Ni habrás fallado, aunque a veces te equivoques. Seguramente darás la talla más veces de las que crees. Y aunque sea cierto que en ocasiones tu compañero sea más fuerte que tú, puede que en otras tú lo seas más ¡Seguro! Y recuerda que a veces con tan solo estar ahí, puedes haber cumplido tu misión.

Y ahora, dime ¿lo has pensado ya? Te daré unos minutos más.

Mientras tanto, yo te diré que una vez, cuando sufrí una severa depresión, deseaba, más bien ansiaba, que me sacudieran. Yo deseaba que me dijeran:

“Lo que ahora crees que es definitivo no lo es”.

“Esa tristeza e infelicidad que crees que nunca se irá, te dirá adiós”.

“Los fantasmas que te agobian, no existen. Sí, sí, ya sé que los ves, pero de verdad: no existen”.

La mente es cruel

La mente a veces es cruel y muy, muy mentirosa. Cuando todo pase me darás la razón. Me dirás… uffffffff ¿cómo pude yo pensar aquello? Nos reiremos de todo. Te lo aseguro. Es más: te doy mi palabra.

Todo lo que deseas que te digan, a veces… nadie te lo dice. No por maldad, ni desidia, solamente porque es difícil y muy poca gente se cree capaz de ayudar. Y te voy a decir algo más: es muy fácil ayudar, y muy fácil dejarse ayudar. ¿Por qué no lo intentamos?.

Yo sí tuve la suerte de oír esa voz que deseaba. Yo tuve la suerte de que me despertaran del mal sueño. No fue fácil. Ni cosa de un día. Hubo que trabajar mucho y duro, pero, poco a poco, todo quedó en un pasado del que también, te aseguro, que aprendí mucho.

Hoy tienes personas que pueden ayudarte, y mucho más de lo que imaginas. La asociación “Ángeles de Azul y Verde” son eso, “Ángeles”. Personas que solamente buscan ayudarte. Lo único que esperan de todo su trabajo, que es mucho, es evitar que vidas inocentes se vayan antes de tiempo.

Tú que vistes orgulloso un uniforme, en algún momento le has dicho palabras similares a alguien. Es más, seguro que cuando ha surgido la fatalidad, has tenido que consolar a las familias destrozadas. Estoy segura que si te hubiesen dado una varita mágica, lo hubieras evitado. Ver que las caras de angustia volvían a sonreír, que tenían otra oportunidad. ¡Hubiera sido maravilloso!.

¿A que sí? ¿A que vale la pena intentarlo?

Editorial: Pilar Roldán González

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