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Isabel Sobrino.

Policía Nacional. Licenciada en psicología clínica. Máster en psicología general sanitaria. Una Policía para el Siglo XXI. 

Nos remite este artículo:

Impacto, vísceras e inteligencia.

El pasado día 31 de enero volvió a ocurrir. Una noticia de segunda categoría anunciaba que otro policía nacional se había quitado la vida. Ocupó su trozo de papel sin más repercusión y se fue tan discretamente como llegó. Para otros policías la noticia no fue de segunda; disparó las alarmas, activó las etiquetas, todos tenían alguna frase hecha como: “otro compañero más”, “esto es una lacra”, “deja a dos huérfanas de siete años”, “¿cómo no buscó otra salida”, etc… mismos clichés, cero soluciones y mucho impacto.

El “shock” inicial siempre da paso a emociones más complejas como tristeza, incredulidad e indignación. Tristeza porque una muerte nunca debería ser en vano y ésta probablemente lo sea. Incredulidad ante la pasividad de los mandos policiales, que llevan ultimando protocolos de intervención para la prevención del suicidio y de la ideación suicida durante los últimos años. Mucha estrategia y poco pragmatismo, pero esto es algo urgente, no es la construcción de la Sagrada Familia. Indignación, cuando la pasividad de los mandos da paso a la negación del problema, en el momento que el director general de la Guardia Civil, Félix Azón, confunde correlación con relación causal y sale diciendo que si hay más suicidios en los cuerpos policiales no es atribuible a las peculiaridades propias del trabajo, sino al acceso al método: el arma. Tal razonamiento es bien simple: la ocasión hace al ladrón, como decir que la víctima de una violación es la culpable.Tal afirmación podría ser una buena hipótesis si no fuera porque se cae por su propio peso, el peso de los datos. Le recuerdo a este señor, que el arma es conditio sine qua non para hacer nuestro trabajo, con lo cual, su simple afirmación es correlación y no causa. Las vísceras tienen más de causa que las pistolas.

La emoción es primitiva y visceral, incontrolable y salvaje tal vez. Es la musa de la razón, su fuente de inspiración. De ahí, que haya que planteársela necesidad de actuar ya, de evaluar el suicidio policial desde un punto de vista objetivable, presentado datos precisos, que den paso a protocolos de intervención realistas y adaptados a las necesidades individuales de cada policía. Si ya sabemos que las tasas de suicidio en las fuerzas y cuerpos de seguridad duplican a las del resto de la población, analicemos porqué. Existen variables como el género, la diferente distribución en las tasas de suicidio masculino y femenino es de una proporción de siete a uno, hombre VS mujer; se han de detectar puntuaciones elevadas en test que miden agresividad e impulsividad y que incrementan el riesgo de suicidio.

Trastornos mentales como la bipolaridad o la depresión no diagnosticados son frecuentes. El consumo de drogas psicoactivas y de alcohol también son banderas rojas que nos anuncian un mayor riesgo suicida. Cuando estos factores se conjugan, y se suman problemas laborales y/o familiares, la tensión es máxima y el riesgo suicida se dispara.

¿Y qué hacer antes estas situaciones? Muy sencillo: pedir ayuda. Siempre hay alguien dispuesto a ofrecer apoyo ante una situación de este calado. Ante la mínima sospecha de riesgo suicida es recomendable que por parte de los responsables se normalice la retirada del arma sin complejos, sin dudas, sin que tiemble el pulso.

¿Y sus compañeros? ¿qué deberían hacer? La condescendencia en estos casos no es bien recibida. En la mejor situación puede dar lugar a comentarios no deseados del tipo “con lo que tiene encima, no vamos nosotros a…exigirle, reprocharle…” y en el peor de los casos, el rechazo se vuelve más fuerte y el riesgo de suicidio aumenta. La respuesta menos mala, la que reduce pérdidas y la más funcional es la naturalidad, aceptar que cualquiera puede pasar por una situación parecida y que nadie está indemne.

Sobra decir que las etiquetas mejor nos las dejamos en casa, no buscar causas simples a cosas complejas y no atribuirle a nadie su propia decisión, porque ni las decisiones propias están libres influencia externa. Nadie es “el que se intentó suicidar”. Es el que supo verlo a tiempo y gracias a ello sigue vivo. No juzgar y ahorrarse los comentarios es aplicar la inteligencia.

                    

PIDE SIEMPRE AYUDA:

PLATAFORMA ZERO SUICIDIO POLICIAL.

PREVENCIÓN: 690 915 408

INTERVENCIÓN: 639 900 050

DUELO: 634 330 866

PRL: 678 590 755

 

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