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Ayer en Ceuta un Guardia Civil disparó a su mujer en las piernas y se suicidó tras una tensa negociación con agentes de la Policía Nacional. El relato de El Pueblo de Ceuta es estremecedor, veamos un par de párrafos que nos sirvan para obtener una lectura:

Ese fue el momento en el que los agentes entraron sin pensarlo en el interior del domicilio, hallando el cuerpo, ya sin vida, del agente de la guardia civil y uno de los hijos de la pareja, de tan sólo ocho meses, salpicado de sangre y llorando.

Este es el escenario es el que se encontraron los policías tras ayudar a la víctima y pasar por una tensa negociación, es posible que en el futuro próximo pasen por un sentimiento de culpa y otra serie de sensaciones viscerales que se escapan a lo jurídico y que ningún reglamento observa. El hecho es que no habrá una delegación de recursos humanos responsable de actuar preventivamente para valorar cómo les habrá afectado, tal vez si tienen un jefe con cierta sensibilidad o un servicio médico que funcione bien, les llamarán para compartir la experiencia y compensar de alguna manera. La procesión la llevarán por dentro durante muchos años, se la llevarán a casa y a nuevos destinos, la huella será latente.

Sí existen delegaciones de automoción y de informática porque las cosas son importantes, las personas no.

Todos somos locos pero lo que diferencia a unos locos de otros es que unos pierden el control y otros no, los mecanismos de inhibición no funcionan igual en todo el mundo. Quien ha tenido un bebé de ocho meses sabe que no se duerme y quizás tampoco debería estar trabajando en un turno que le complicara más su situación, la falta de sueño puede llegar a ser un infierno ¿Qué habría pasado si en la unidad del Guardia Civil donde estaba destinado este funcionario hubiera existido ese servicio de recursos humanos? Un servicio no sanitario y no destinado para estigmatizar al funcionario que pasa por un mal momento, sino a ayudarle a pasar ese bache. No lo sabremos mientras no se tome la medida.

Siguiente párrafo:

Pese a llevar este matrimonio poco tiempo viviendo en la barriada de Los Rosales, los vecinos preguntados por este diario coincidían en afirmar que se veía una pareja bien avenida y sin problemas aparentes, resaltando además que el menor de sus hijos tan sólo tiene ocho meses.

Según los vecinos no existía un contexto aparente de violencia de género, pero es un hecho que ella lo acabó siendo, también es evidente que matarla no era su intención inicial porque la disparó a las piernas y luego se dio cuenta de la gravedad, había perdido el control. El contexto aparente no se ajustaba a que él era malo y ella era buena, todo era más complejo y pasaba por reconocer que la violencia no solo es de víctima, también es de autor.

Desde la perspectiva de género una vez más no había un caso previsible, la perspectiva que sí podía haber previsto el caso debería haber sido otra y es la perspectiva de autor. Nadie sabe cuánto llevaba el autor sin dormir o qué estrés llevaba acumulado. Esto no lo justifica, solo pretende establecer hipótesis alternativas sobre otras causas que servirían para explicar muchos otros casos.

Un caso recurrente del que no se habla es el del suicida-homicida, aquel que primero decide quitarse la vida y después decide que ya se paso se la quita a quien considera el origen de su decisión, todos parecían normales y no había denuncias. Aunque este no parece el caso, el género no lo explica todo y hay vida más allá del género.

En Una Policía para el Siglo XXI sabemos que nos leen los responsables de tomar decisiones y también los responsables de lavarse las manos, esperamos que los segundos ya las tengan limpias y que los primeros sean valientes para dejar de evitar problemas, que todos hagan cosas en lugar de quedarse en el análisis y que diseñen una política de recursos humanos que se aprecie sobre el terreno.

Nosotros seguiremos apostando por un modelo policial centrado en el factor humano, basado en las motivaciones personales y profesionales; en lo dinámico frente a lo estático, porque no es el mismo policía el que ha jurado el cargo ayer, que dentro de diez años; en el contexto, porque cada hecho que ocurre es multivariante y no se reduce a buenos y malos, ni es independiente de lo que haya ocurrido antes o de sus consecuencias futuras. Nada es independiente, todo está conectado.

El factor humano además de las motivaciones también pasa por las capacidades, porque capacidades y motivaciones están vinculadas. Las capacidades se desarrollan durante toda la vida o se atrofian y han de estar vinculadas a recompensas, para que los más capacitados quieran asumir responsabilidades y los menos capacitados quieran seguir mejorando. Para que no se devalúen las capacidades, se aprecie la mediocridad y cunda el desánimo.

El futuro pasa por el factor humano.

Juan Pablo de Anca Cuesta.

– Subinspector de policía.

– Grado en relaciones internacionales en inglés (URJC)

– Experto en análisis de inteligencia (UAM)

– Máster en dirección de sistemas de información (USAL)

– Coordinador de una policía para el siglo XXI.

 

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